miércoles, 10 de junio de 2009

La defensa de las ideas

La puerta de madera se abrió, se oyeron unos pasos rápidos, de nuevo se cerró. Y después silencio. Un vida que gira incesante, de ruidos y murmullos. El desear oir el silencio le impide escucharlo. El propósito impide la consecución de un hecho.
La lucidez de una idea que se presenta pura y definida como el diamante, díficil conservarla pero dispuesta a ser pulida.
Mariposas flotando en el aire, cazadas por la mente, van cayendo en las redes.
Luces que alumbran sólo a los que quieren ver.
Una idea no es un lugar, no es un momento, no es una sensación, pero podría serlo todo al mismo tiempo.
Ideas que Platón dividió en dos realidades, que Santa Teresa experimentó como un éxtasis, que Picasso plasmó fragmentadas en sus cuadros.
¿Son la parte que conforman un todo? o ¿son el todo que conforman una parte?En la primera pregunta la idea reside en el exterior, mariposas, y el puente hasta ellas será la inspiración. Atravesamos el puente y la hacemos nuestra.
Si la idea es un todo, viviría en el interior y gacias al choque con la realidad, se haría manifiesta.

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