martes, 28 de febrero de 2012

intentos

Un reloj sin agujas colgaba de la pared, el tiempo que debía latir se había detenido en él, atrapado entre la resquebrajada madera de su interior. Las horas quedaron sumidas en el olvido de un tiempo que dejó de respirar. Un reloj inerte abocado al recuerdo. Observaba aquellas agujas invisibles inventando alguna hora que me remitiese algún lugar, una persona, o un momento. Oía el tic-tac.
Una silla de hierro oxidado que había adquirido un tono verdoso descansaba solitaria. Deslizando mi mano sobre ella percibí que no se asentaba correctamente en el suelo. Simulaba un asiento incómodo, aquel lugar dónde nadie hubiera querido permanecer largo tiempo.
Cerca de ella, sobre el marmol frío, un espejo roto en una de sus vértices yacía en el suelo. Mientras lo levantaba, pensaba quién sería la última persona que se habría visto reflejada en él, Un instante después, pensé lo acostumbrados que estábamos a la presencia de un espejo, y no pude recordar el último día que transcurrió sin observar mi imagen reflejada en un cristal. Y como yo, tantos otros, pensé.
Aquel escenario de un mundo de antaño y vivencias pasadas era objeto de mi admiración. No se presentaba inerte para mi, porque podía oler aquella mezcla de polvo y humedad, mirar cada rincón y tocar su esencia. Era un mundo vivo porque yo sentía que vivía en él.
Mientras sostenía el espejo entre las manos, decidí sentarme en los escalones principales de la entrada. Suspiré. Entonces comencé a reconstruir aquella historia, sola, sin temores, aquellas palabras gritaban en mi interior como fieras deseosas de libertad:



Nada mejor que mantener el equilibrio. En la mitad la balanza no se mueve, está quieta, no te empuja a decidir, a posicionarte. Ahora llevemos el medio al centro de todas las cosas, exacto, es el estado más virtuoso. Ni mucho ni poco, ni nada, ni demasiado, ni grande ni pequeño, ni gordo ni flaco……..cuando encontramos la mitad de todos los adjetivos que se os ocurran de extremos, nos confirman esta mi teoría.

lunes, 27 de febrero de 2012

Inquietudes

Me inquieta la no voluntad del mundo tanto, como la voluntad sin sentido de cada uno. El espíritu de lucha en una batalla perdida es aún más doloroso que la derrota. Asumir es resignación y aceptar los ciertos avatares de la Naturaleza, es imponer la razón. Mientras el hombre no entienda que la Naturaleza es superior a nosotros, no seremos feliz con y en ella. Y cuando hablo de Naturaleza se trata del conjunto del entorno y el ser. No somos hacedores, somos seres humanos, nuestra primera misión no es hacer, es ser. Los haceres serán posteriores.
Recopilando tantos episodios en la historia del hombre, tantas construcciones físicas, teóricas, psíquicas...que comienzan en un día como hoy y terminan en otro cualquiera, o quizás no terminan, sólo me confirman el caprichoso sentido de la Naturaleza.
Al simplificar y dividir cualquier momento que forma parte de un episodio, se convierte en insignificante, la importancia de nuestros hechos es la suma de los mismos y el transcurrir del tiempo. Cuando adquirmos perspectiva, somos capaces de diferenciar, de establecer la síntesis y la clasificación correcta. En el durante somos operarios de nuestro propio instinto, en base a nuestra pedadogia adquirida, persisistimos en la acción.
Me inquieta la pésima voluntad, una ola contaminada por nuestros propios residuos mentales arrasa el mundo, agraviándolo. Pero aunque me inquieta, necesito creer en la pureza del ser humano, en su propia bondad que no es natural, sino adquirida.
Me inquieta y me niego a la transformación del ser humano en la pérdida de su bondad. Me niego a creer que el mal que nos acechó en una ocasión se convierta en una sombra permanente en nuestras vidas o aún peor, se quede in situ suspendido en nuestro interior. No deberíamos odiar por haber sido odiados, porque finalmente el odio acumulado nos terminará contaminando el alma.
Me inquieta algo irrecuperable como lo es la inocencia, nadie se preocupa por ella, nadie la aclama, nadie quiere ser inocente a menos que sea acusado. Entonces la persiguen. Pero aquella inocencia primogénita que nos hacía descubrir parece haber desaparecido. La inocencia que nos mostraba los valores, que defendía nuestra moralidad, y creía en la esperanza de que lo mejor estaba por llegar y que aunque nos amenazaran monstruos, nuestra astucia más que nuestras armas acabarían con ellos.

jueves, 23 de febrero de 2012

Hay alguien detrás?hay alguien que pueda oírme?porque pregunto cuando no espero respuesta, porque pregunto cuando espero una respuesta que no existe- Días grandes, gigantes que se abalanzan sobre mí, días que transcurren, están, permanecen. Allí permanezco, inmóvil e insignficante mientras la manta de un nuevo día me envuelve, me estremezco, me siento bien bajo él. No hay nadie detrás, mi propio eco ha desaparecido. ¿Qué observo? ¿Qué veo en este instante?¿Qué quiero ver? ¿Que necesito ver? La subjetividad es el sentir. Ella nos hace ver, el cómo, el dónde, el qué deseamos ver. Nos empuja, nos oprime. Hasta que finalmente construimos un mundo sometido a ella. Oh, de verdad alguien cree que existe la objetividad. , considero que la mente, por nacimiento y defecto, es subjetiva. No puede concebir un hecho subjetivo, porque a priori ella nace y nos plantea un conjunto, un envoltorio para entendernos. Nuestra mente no nace libre, nace atada a unas circunstancias, llamémosle circunstancias externas( el entorno del que nos rodeamos) e internas( la familia, el ser). La mente adquiere un sentido paralelo a nuestro crecimiento, nuestro crecimiento subjetivo del mundo. ¿acaso el aprendizaje ya sea interno o externo no es subjetivo? La objetividad, no es más que la relación de muchas subjetividades. Partiendo de aprendizajes, de creencias, de errores, redactamos lo nuestro, porque pensamos que lo nuestro es diferente al resto. ¿es la subjetividad la diferencia, la individualidad, la perspectiva acertada? Quienes plantean lo subjetivo con un punto de vista erróneo?.....Arriesgémonos.

viernes, 17 de febrero de 2012

la abstracción del tiempo

Cierro los ojos, exhalo un suspiro leve, casi imperceptible. Esbozo una sonrisa, sin pretenderlo, surge, quiere hacerse presente. Necesita estar para compartir. Abro los ojos, comienza a oscurecer, a medida que oscurece el resplandor es mayor.
La admiración hacia el cielo, hacia los pequeños acontecimientos, hacia el fluir de una vida que solo es una y muchas a la vez. Siento admiración. Mirar y Admirar. Sonreir.
Observar un instante presente,los presentes son regalos cuando están presentes, será regalo mientras sea presente; más tarde, lo que fue un regalo, después pasará a pertenecernos, a ser nuestro. Ya no existirá la curiosidad, descubriremos desde la posesión.
Insistimos en eternizar el presente y no es posible. Es el carácter efímero parte de su belleza. La obsesión de prolongar un sentimiento efímero finalmente nos empuja hacia la infelicidad. La constante búsqueda de trazar largos caminos, de dibujar líneas continuas que contaminan nuevos paisajes. Como si el alargamiento intimista y sensible de Modigliani se convierte en el expresionismo más acusado de Bacon. Lo que pretendía ser belleza se convierte en distorsión.
Pretendemos hacer una vida prolongada, extender y alargar los momentos a través de la persuasión, y saborear un éxtasis permanente; no obstante, el extásis es fruto del movimiento y la intemporalidad, no de la intención.
Nuestras líneas se terminan resquebrajando, el optimismo huye y se esconde en algún lugar del paisaje. ¿dónde está el regalo?Gracias. Encantada. Ahora me pertenece. Y sigo buscando el regalo mientras observo un paisaje de trazos incompletos.