Cierro los ojos, exhalo un suspiro leve, casi imperceptible. Esbozo una sonrisa, sin pretenderlo, surge, quiere hacerse presente. Necesita estar para compartir. Abro los ojos, comienza a oscurecer, a medida que oscurece el resplandor es mayor.
La admiración hacia el cielo, hacia los pequeños acontecimientos, hacia el fluir de una vida que solo es una y muchas a la vez. Siento admiración. Mirar y Admirar. Sonreir.
Observar un instante presente,los presentes son regalos cuando están presentes, será regalo mientras sea presente; más tarde, lo que fue un regalo, después pasará a pertenecernos, a ser nuestro. Ya no existirá la curiosidad, descubriremos desde la posesión.
Insistimos en eternizar el presente y no es posible. Es el carácter efímero parte de su belleza. La obsesión de prolongar un sentimiento efímero finalmente nos empuja hacia la infelicidad. La constante búsqueda de trazar largos caminos, de dibujar líneas continuas que contaminan nuevos paisajes. Como si el alargamiento intimista y sensible de Modigliani se convierte en el expresionismo más acusado de Bacon. Lo que pretendía ser belleza se convierte en distorsión.
Pretendemos hacer una vida prolongada, extender y alargar los momentos a través de la persuasión, y saborear un éxtasis permanente; no obstante, el extásis es fruto del movimiento y la intemporalidad, no de la intención.
Nuestras líneas se terminan resquebrajando, el optimismo huye y se esconde en algún lugar del paisaje. ¿dónde está el regalo?Gracias. Encantada. Ahora me pertenece. Y sigo buscando el regalo mientras observo un paisaje de trazos incompletos.
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