Ingrata con el amanecer, ruidos,
Desinterés por la suma
claridad
de un día, y del día venidero, son
tantos los días muertos en el pesar
de extremas noches de sudor y fiebre
Cual mi catarsis personal me asfixia
hasta la senectud de mi dolor.
Sin más ambiciones ni esperas
que la naturaleza se apiade de
pensamientos y notas imaginadas,
locuaces serpentean en su rumbo.
Calma es el nombre de mi anhelada
persecución, a la que
no alcanzo.
Sal! niña escondida en cada esquina
¡no juegues a ocultarte a mis ojos
no juegues a robarme la esperanza!
Y Si lograra
encontrar el sentido
podría perseguirte
absorta y descalza
en los caminos más
inciertos, lúgubre s
mientras bajo mi pies baila la hojarasca,
así se fuese elevando mi esencia,
Y yo, quedar al fin, tranquila y en calma.