lunes, 9 de marzo de 2015

Ingrata con el amanecer, ruidos,
Desinterés por  la suma claridad
de un día, y del día venidero, son
tantos los días muertos  en el pesar
de extremas noches de sudor y fiebre
Cual mi catarsis personal me asfixia
hasta la senectud de mi dolor.
Sin más ambiciones ni esperas
que la naturaleza se apiade de
pensamientos y notas imaginadas,
locuaces serpentean en su rumbo.
Calma es el nombre de mi anhelada
persecución,  a la que no alcanzo.
Sal! niña escondida en cada esquina
¡no juegues a ocultarte a mis ojos
no juegues a robarme la esperanza!
 Y Si lograra encontrar el  sentido
podría perseguirte  absorta y descalza
en los caminos  más inciertos, lúgubre s
mientras bajo mi pies baila la hojarasca,
así se fuese elevando mi esencia,
Y yo, quedar al fin, tranquila y en calma.


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