jueves, 27 de diciembre de 2018

Las alas replegadas por el miedo a ver,
A no plantearse el ver, a la negación del ver.
Siento y pienso, me detengo en el paso y asumo mi silencio
falto de carga, de aliento, el amor cura parte del dolor
pero arrastrado el quejido de la soledad, nítida observo como
las luces del atardecer se atenúan para crecer en la habitación,
Las gafas que siempre busco no me dan más luz
pero me acercan a las páginas de los sueños
Que rápidos terminan porque con gracia, los encuentro.
Aplaudo a la vida por mi existencia mientras me lame el alma la pena
De las que como yo les han impedido sentir los días que quedan,
Naturalmente fuesen, virando a lo mejor pensado,
Y al sueño soñado.
Blancas, vivas, calladas fachadas me recogen pero no me salvaguardan,
los portales parecen lejanos como los suelos que he pisado,
Tanta blancura que no me alivia, solo el verde me calma.
Mis palabras hoy quieren cantarle a la luz una alabanza
A las rojas eléctricas de los molinos, a las navideñas de los árboles falsas,
a las carboneras chimeneas y a las maderas que prenden
a las nuevas tecnológicas que nos aguardan,
la que da la bienvenida al sol,
la que desprenden tus ojos
todas, las que apagadas, seguirán encendidas en nosotros.
Salgo a la noche, y despliego las alas
Tantas como ellas, que no seremos matadas ni olvidadas,
Infinitas como estrellas alumbrando también,
No es un lugar de donde procedes, es de una mujer.
Las heroínas de cada casa,
Las huellas más profundas de la historia, calladas.
Que no me opriman mi canto las fuerzas invisibles,
Vengan de donde vengan ,
de las sociedades ancestrales, de tradiciones no entendidas,
de la falta de revolución, o de la locura individual
o la peor de las elecciones colectivas,
La oscuridad no me da miedo porque sólo es falta de luz,
La ausencia de luz que ha despertar en nuestra conciencia.
Y sigo elevando mi canto,
Amores desacompasados, indignaciones ignoradas,
Falta de voluntad, de estima, de esperanza,
Sobrados de crítica y opiniones, las gentes enredadas,
eligen las sogas que los amarran.
La filosofía parece haber muerto aunque hay quienes la resucitan
Como el sentido misma de la palabra, el mayor peso
El de unir muchas, para transformarlas
Para desenmarañar este hilo del que hemos perdido la punta
pero que es tan visible como la maraña.
Los que se levantaron, que vuelvan a levantarse
Porque Los nuestros mueren en las calles
Mientras nuestras ideas mueren sin ser pronunciadas.
A los que alumbran, a las que las cantan,
A las almas libres que elevan la vista para mirar más allá de su causa,
A aquellas, les pienso y hoy, les doy las gracias.

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